HUMOS o GASES. Generalmente se usa esta fuente de calor cuando existe un excedente de energía en forma de humos / gases calientes.

En esos casos, es rentable invertir en un recuperador o economizador que ayude a reutilizar el calor que llevan esos humos. Su diseño se ajustará a la aplicación final a la que desee destinarse el calor residual aprovechado, incorporando en el economizador, serpentines, cámaras, etc., por los que el usuario haga pasar agua, aire o cualquier otro fluido que le interese calentar y que le sea útil en la planta.

Aplicaciones: Calentamiento de aire, por ejemplo, para precalentar el aire que usa un quemador industrial y que se traduce en un ahorro de combustible; calefacción o climatización, etc.

Calentamiento de agua, producción de vapor, etc.

Los sistemas de recuperación suelen dotarse de un by-pass o diverter, para interrumpir o desviar el flujo de los humos, de su paso por el economizador o recuperador.


ACEITE TÉRMICO. Hay dos tipos: mineral y sintético, encontrándose diferentes marcas y modelos en el mercado, para trabajar a diferentes rangos de temperaturas. Ya hemos hablado extensamente en el artículo sobre los Fluidos térmicos de calor.

La principal característica del aceite es que no cambia de estado al trabajar por encima de los 100ºC a presión absoluta, por lo que la presión del circuito que genera no es tan alta como la que generan otros fluidos.

Aconsejamos el uso del aceite térmico en procesos en los que se necesite calor indirecto y altas temperaturas de trabajo (de 150 a 300ºC).

Al final de la vida útil del aceite térmico, el usuario debe proceder a su reciclaje, pero de eso hablaremos en los próximos números.