En las instalaciones de fluido térmico, hay mucha maquinaria con componentes giratorios. Las calandras en la industria textil, de artes gráficas o lavandería industrial son algunos ejemplos.
La creación del movimiento giratorio es fácil, pero cuando es necesario transferir un flujo gaseoso o líquido de una instalación fija a un componente giratorio, la tarea se vuelve complicada. La solución pasa por las juntas rotativas.
Una junta rotativa es un elemento de estanqueidad que permite transferir el fluido térmico entre una parte fija y un rodillo o eje que gira. Su misión es mantener un sello estanco entre la parte fija y la giratoria, soportando presión, temperatura y velocidad de giro sin que el fluido se fugue al exterior.
Obviamente el diseño y los materiales son críticos por las altas temperaturas y la necesidad de máxima seguridad.

En operación, el fluido atraviesa la junta, entra en el cilindro y retornar por la misma junta – junta de doble vía – o por el extremo contrario al cilindro, según diseño del mismo, mientras éste gira a la velocidad de proceso.
- Brida de entrada. Es el punto de conexión a la tubería fija de suministro del fluido.
- Salida de fluido. Brida de retorno del fluido a la instalación general.
- Sello mecánico. Mantiene el sellado hermético entre la parte fija y la giratoria para evitar fugas.
- Rodamiento. Permite que el eje gire suavemente dentro de la carcasa estacionaria, reduciendo la fricción y manteniendo la alineación.
- Rodamiento secundario. Proporciona soporte adicional al eje para soportar las cargas y vibraciones durante la rotación.
- Junta tórica. Actúa como sello secundario para evitar que el fluido pase hacia los rodamientos o el exterior del cuerpo.
- Rotor. Se conecta directamente a la parte móvil de la máquina y transporta el fluido a su interior.
- Carcasa. Parte exterior que se mantiene fija. Contiene todos los componentes internos y soporta la presión del fluido.




















