Se establece en la caldera una temperatura de servicio que sea igual o ligeramente superior a la que necesita el aparato consumidor con más exigencias de temperaturas según los fabricantes de los equipos.
La caldera mantiene una temperatura de circuito relativamente estable y cada equipo toma solo el caudal y potencia que precisa.
Es muy difícil conseguir que con este sea suficiente para satisfacer correctamente las necesidades de los consumidores y por ello, se instalan válvulas de regulación de temperatura en cada ramal a aparato consumidor.
Estas válvulas son gobernadas por un regulador de temperatura que recibe la señal de una sonda instalada en el equipo directamente si es posible o en la tubería de retorno del fluido térmico a la instalación general que da una medida de la temperatura “consumida”.
Con esta información la válvula abre totalmente o parcialmente, incluso llegando a cerrar según la temperatura enviada por la sonda y las ordenes que le indica el regulador de temperatura. El caudal suministrado y con ello la potencia entregada cumplirá con la temperatura de consigna que tiene el regulador.

Es lo que se denomina “lazo de control cerrado”
Existe también el llamado “lazo de control abierto”, cuya diferencia con el cerrado estriba que la determinación de abrir o cerrar la válvula no es ejecutada por un regulador, sino por un operario mediante el método de prueba y error.
Obviamente es un sistema que puede llegar a producir importantes errores en aplicaciones industriales.




















