Depende fundamentalmente de la potencia térmica que necesitan todos los consumidores de calor – intercambiadores, reactores, etc.-, del régimen de trabajo (continuo o intermitente) y de las pérdidas de calor de la instalación.
En la práctica se suma la potencia de todos los equipos, se añade un margen de seguridad – por ejemplo, un 10–20% – y se tiene en cuenta si algunos equipos nunca van a funcionar a la vez.
Otro punto a tener en cuenta es si hay prevista una ampliación de la instalación en un plazo relativamente cercano. Podríamos estar hablando de tres años, e incluso un plazo un poco más largo.
Dimensionar la caldera y la instalación, incluyendo la futura ampliación, puede suponer un ahorro económico importante, ya que implicaría tener ya como equipos definitivos no sólo la caldera, sino la bomba, la red general de tuberías, el depósito de expansión, etc., e incluso dejar valvulería para prever la ampliación, permitiría que ésta se pudiera realizar sin detener la producción, mientras que en caso contrario podría representar unas paradas no inferiores a tres o cuatro semanas.




















