El depósito de expansión compensa los cambios de volumen normales durante el funcionamiento, mientras que el depósito colector está pensado para recibir toda la cantidad de fluido de la instalación -por ejemplo, en maniobras de vaciado total o parcial -.
En realidad, el depósito colector o de recogida sólo tiene esas funciones y por tanto ninguna de ellas es operativa a nivel de funcionamiento habitual de la instalación.
La normativa de todos los países, exige que el depósito colector tenga capacidad suficiente para almacenar todo el volumen de fluido del sistema.
Los depósitos colectores no deben soportar ningún tipo de presión y por tanto pueden ser calculados para una presión de diseño inferior a 0,5 bar, lo que implica que no debe realizarse ningún proyecto de diseño o administrativo.
Los depósitos de expansión, también pueden ser de presión de diseño inferior a 0,5 bar, pero en muchas ocasiones y por distintos motivos deben tener presiones de diseño más elevadas.
Estos motivos pueden ser que el depósito se encuentre presurizado con nitrógeno para evitar la oxidación del fluido térmico que se encuentra en el depósito, o cuando por problemas de altura o por facilitar su acceso, el depósito se instala a ras de suelo.
En este último caso, se “simula” la altura del depósito presionándolo.




















